Profesor.

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Fotografía de Marlon Francisco.

Cuando quedan los últimos minutos de la celebración del día del profesor, recuerdo la enorme cantidad de profesionales de la pedagogía que han pasado por mi vida. Mis tres guías de tesis, que estuvieron dispuestos a apoyar la poca ortodoxia de mis propuestas. El maestro que, en mi soledad teenager, se ofreció a cumplir un trámite angustiante para mí. Los que se quedaron después de clases, cediendo su escaso tiempo marginal a un chico algo tonto llamado Rodrigo Arenas-Carter. Los que, cuando me tocó hacer clases, me enseñaron a enseñar. Mis primos y tíos llegando a casa con cientos de pruebas para revisar mientras tomaban el café que el sueldo exiguo permitía. Mi mamá, una pionera de la pedagogía femenina en un área tan áspera como la Ingeniería en Minas. Mi padre, revisando pruebas el sábado en la noche, mientras yo veía películas de terror italianas que eran lo único que podía superar mis terrores adolescentes.

Pero, sin duda alguna, en este minuto de mi vida hay uno que recuerdo con particular aprecio.

Aquel profesor de artes plásticas que siempre me dijo que no servía para nada. Que no sabía y que nunca aprendería a dibujar, a pintar, a modelar con greda, a hacer un mueble, a armar un collage. Aquel que me humilló tantas veces en el patio, mientras se reía de mis horrendamente defectuosos intentos creativos. Fue allí, que me di cuenta que sólo tenía a la literatura. Y fue así que me acerqué al punk y al hip hop, los dos géneros no virtuosos por excelencia. Mucho tiempo después, perdido y algo asustado en Nueva York, un viernes por la tarde conocería lo que es la performance y otra puerta se me abría.

Y ya nada sería igual.

A él le doy particularmente las gracias, porque su desafío de armar soluciones estéticas desde la no-virtuosidad es lo que me ha llevado a este minuto de mi vida. Gracias a él he conocido a personas y ciudades extraordinarias(*). Gracias a él y su meta imposible es que nunca he tenido miedo en asumir retos del porte de un rascacielos. Gracias a él, y por supuesto gracias a todos los demás docentes que han sabido impulsarme por territorios nuevos y seductores. Lo digo en presente porque aún soy un ignorante, y porque aún tengo la suerte de seguir siendo, alumno.

(*) Porque, para mí, las ciudades son creaturas vivas.

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CLR 5: UNO [english description]

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UNO, a state-nation, will take place on October 12th, 2016, in a square meter located at Centro Cultural La Casa, Ciudad de Guatemala, Guatemala, in the exhibition “Te Amo Te Odio”.

This project will last an hour, Soon we will inform about the exact time of beginning.

States, micronations and individuals can pre-establish diplomatic and business relationships with UNO at uno7104@gmail.com

More information: uno2016.weebly.com

CLR 5: UNO

uno

El estado-nación denominado UNO, se instituirá el día 12 de octubre de 2016, en un metro cuadrado ubicado en el Centro Cultural La Casa, Ciudad de Guatemala, Guatemala, en el marco de la exhibición “Te Amo Te Odio”.

La duración de dicho proyecto se extenderá por el lapso de una hora (60 minutos). Se informará más adelante sobre el lapso exacto de inicio y término.

Se invita a estados, micronaciones y particulares a pre-establecer relaciones diplomáticas y comerciales con dicho estado al mail uno7104@gmail.com

Más información sobre UNO en uno2016.weebly.com

CLR4

clr4

Este martes, en el marco de la exposición “Rizoma”, presentaré mi nueva pieza CLR4, parte de la serie CLR que problematiza los conceptos de nación y raza. Están todxs cordialmente invitadxs.

Martes 27/09
20:00 hrs
ENTRADA LIBRE

Proyecto Poporopo
4 calle 7-46 zona 1, Ciudad de Guatemala.
22303452

A propósito de esta pieza:

[Minuto 74 del siguiente vídeo]

https://www.reclamos.cl/node/221539

10 hitos en la historia pop del páis en el que nací.

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1935: La diva argentina Libertad Lamarque intenta suicidarse saltando por una ventana del Hotel Crillón. Un toldo la salva. Nace así, la farándula nacional.

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1960: El Teatro de Ensayo de la Universidad Católica estrena “La Pérgola de Las Flores”, la única comedia musical exitosa made in schile.

1984: Raquel Argandoña se casa con Eliseo Salazar, el primer megamatrimonio en territorio nacional. La historia termina en el mito de la balacera.

1985: Haciéndole honor a su nombre, el Mago Oli casi se ahoga en vivo y en directo durante la ejecución de uno de sus trucos. Nunca más la televisión volvió a ser la misma.

1987: Cecilia Bolocco es elegida Miss Universo. El delirio es absoluto.

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1991: Nace “Zona de Contacto”, suplemento del diario El Mercurio que arrastrará a dos generaciones al mundo de las letras, incluyéndome.

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Noviembre de 1991: Alberto Fuguet publica su primera novela, “Mala Onda”. Para disgusto de los intelectuales de izquierda y de los poetas de bar, el libro vende miles de copias e inicia una revitalización de la narrativa chilena.

1996: Se estrena “Takilleitor”. La critica la destroza y el público la ignora. Hoy, se le considera un mito, una obra maestra y total.

1999: La banda Glup realiza un cover de Pink Floyd en el programa “Titi Pelacables”, y de paso le pegan a los camarógrafos, rompen los micrófonos e insultan a todos los que pueden.

2000: Leonardo Barrera dirige la primera cinta porno nacional, “Historias de una Adolescente Ninfomaníaca”.

Racismo lingüístico chileno… de un chileno fuera de Chile.

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En un grupo de Facebook, me vi envuelto en una conversación iniciada por un chileno que se quejaba de otros chilenos que, viviendo en Estados Unidos, habían empezado a utilizar palabras que normalmente no están en el “español de Chile”. Puntualmente, se refería al uso de “parquear” en vez de estacionar, término ampliamente utilizado en Mesoamérica y en el mundo latino de USA.

Claramente, primero habría que hacer las consideraciones lingüísticas de rigor. El proceso por el cuál se incorporan palabras desde un idioma a otro es el préstamo, y en este caso claramente se ha adoptado (y adaptado) un término proveniente del idioma inglés. Esto es un caso particular de barbarismo, término que también es interpretado como “Incorrección lingüística que consiste en pronunciar o escribir mal las palabras, o en emplear vocablos impropios“. Por lo tanto, hay una connotación negativa detrás.

Y este es el aspecto que me molesta.

Detrás del post original de Facebook había una intención de establecer la “pureza” del dialecto chileno del español, lo que esconde una intención chauvinista y de nacionalismo extremo, más aún pensando en alguien que, por una circunstancia determinada, vive fuera de Chile. No puedo dejar de asociar este tipo de “quejas” con el desprecio racial que muchos chilenos muestran por sus vecinos latinoamericanos (exceptuando a los Argentinos, Uruguayos y Brasileños, claro está). [Nótese que “parquear” aparece en el diccionario de la RAE].

Y es que, desde Nicolás Palacios y su (ahora) risible textito “Raza Chilena”, hasta el mal trato que muchos chilenos dan a los inmigrantes contemporáneos, un patético sentido de superioridad ha rondado por el país, incluso a niveles del lenguaje. Yo creo que la función principal del lenguaje es comunicar, o sea es un sistema funcional, y es un sistema abierto y dinámico. Por lo tanto, exigirle al lenguaje que no admita cambios es imposible, y menos asociar dichos cambios con problemas de “linaje”, proyectando por medio del dialecto el fantasma de la predominancia racial del chileno, fantasma cuyos efectos destructores ya conocemos demasiado bien.

Una maleta

Desde hace años, he intentado reducir todas mis pertenencias a lo que cabe dentro de una maleta. Claro, dejo de lado dos cosas: los libros y mi computadora. Pero quiero que el resto de mis pertenencias puedan caber sólo en una maleta, y nada más. Hasta el día de hoy, todavía no he sido capaz de hacerlo, pero vamos en camino. Mientras tanto, pienso en el trabajo de María José Hincapié llamado “Una Cosa es Una Cosa” (1990), en la que distribuye por el suelo todas sus posesiones materiales. Pieza de gran poesía y que nos habla de cómo nos hemos ido reduciendo a cosas, a “lo que tengo” o “lo que puedo tener”, como si sufriéramos un Mal de Diógenes masivo y megalómano, una enfermedad mental que no pasa de ser más que un signo de nuestra terrible soledad contemporánea.

Imagen de Juan Pernia bajo licencia Creative Commons